
Hace meses o años que no escribo en este blog de la forma en que la hacía antes: del corazón. Tuve que ¨perderme¨ por un tiempo y aprender mis lecciones por mi cuenta para hoy poder volver a sentarme acá y conectarme nuevamente con ustedes.
La razón por la que no le veía sentido a lanzarme al teclado nuevamente era porque hablar por hablar de mí misma no me sumaba nada a mi ni a los demás. Hoy que puedo ver con un poco de más claridad el proceso que he vivido en los últimos años a través de mi dedicación a surfear olas grandes, puedo encontrarle un sentido a todo y quiero compartirlo. De repente mi aprendizaje pueda inspirar a alguien que lea esto de alguna manera y hacer algún cambio positivo en alguna vida. Y si no es así, está bien igual, porque mi vida ya cambió, de una manera muy profunda y positiva.
Tengo mucho para contar y compartir y lo iré haciendo de a poco, a medida que vaya fluyendo naturalmente. Empiezo hoy por donde puedo....
Hace cuatro años tenía veintiseis años (ya arranqué largando mi edad, miren si esto no es honesto!), estaba viviendo en Hawaii, trabajaba limpiando condos, surfeaba y compartía mi vida con mi amado Gregg. Todo estaba ¨bien¨pero en realidad no lo estaba. Me sentía perdida adentro mío, no sabía qué era exactamente lo que quería hacer de mi vida, no me sentía completa. Sabía que tenía un gran potencial para explorar más de mi misma pero no sabía dónde aplicarlo. Durante unos meses en el verano del 2007 me dediqué a preguntarme a mí misma qué era lo que quería hacer. Mi pregunta era siempre la misma: si no tuviera que trabajar por dinero, si ya tuviera todo dado, y pudiera hacer lo que más me gusta hacer en el mundo, qué es lo que haría?
La verdad es que no me llevó mucho tiempo encontrar una respuesta porque había una cosa que me apasionaba con locura, y era surfar olas grandes en Sunset y Waimea. Como tenía muy poco experiencia en ese tema ya que acababa de empezar a surfear olas grandes en Hawaii, no me animaba ni a admitirme a mí misma que era eso lo que quería hacer. Por meses guardé ese secreto adentro mío, no se lo compartí ni a Gregg, porque me sentía avergonzada y vulnerable al admitir que no sólo quería surfear olas grandes, sino que quería dedicarme a eso y hacerlo al máximo, de forma profesional.
Me daba verguenza porque no era algo que yo ya estuviera haciendo en mi vida, y no sabía ni si iba a tener la capacidad para llevarlo a cabo.
Finalmente un día me animé y le confese´a una de mis mejores amigas que mi sueño era ser una big wave rider y dedicarme de lleno a eso. Mi amiga se quedó callada por unos momentos con una mirada seria. Yo ya estaba muriendo de verguenza porque sabía que me iba a decir que estaba loca. Al rato extendió su brazo hacia mi y me dijo ¨Mirá, tengo piel de gallina!Si, tenés que hacerlo, va a ser perfecto!¨. Terminamos riendonos y sentí un gran alivio al poder decir mi verdadero sueño en voz alta.
Aunque ya me sentía un poco liberada por dentro, me llevó un par de meses más contarle a Gregg mi sueño. Gregg vio mis inicios de mi surf en Hawaii, y vio como yo iba animandome año tras año a surfear olas un poquito más grandes cada vez. Yo sabía que era una principiante en el tema ( y todavía lo soy), y Gregg también lo sabía.
Un día estabamos sentados en el acantilado que mira a Waimea Bay, viendo unas olas grandes quebrar en la orilla cuando finalmente le dije :¨Gregg, quiero surfear olas grandes". Gregg me miró y me dijo,¨Buenísimo, hacelo si es lo que querés¨. Luego le dije, ¨Si, y también quiero conseguir un sponsor y viajar por el mundo surfeando todos los spots de olas grandes, y también quiero participar en los XXL". Ahí su mirada cambió un poco, me imagino que pensó que estaba soñando muy alto, o fuera de mi alcance. Y me dijo¨Si es lo que realmente querés hacer, hacelo, yo te apoyo".
Ahí empezó mi camino. No sabía ni por dónde empezar ni cómo llegar a hacer todo esto. Entonces comencé con mis pasos prácticos: empecé a investigar quiénes eran los surfistas de olas grandes que vivían de esto y vaiajaban por el mundo y comencé a aprender cómo eran sus vidas. Por meses investigué en internet, ¿cómo entrenaban, qué comían, quiénes los patrocinaban, qué tablas usaban, qué decían en reportajes, cómo pensaban, cómo comenzaron a surfear olas grandes? etc.
Aprendí que el entrenamiento físico era clave y desarrollé un entrenamiento fuertísimo Mi capacidad pulmonar empezó a expandirse, me empecé a sentir fuerte y eso me dio valor para surfear Waimea en la temporada. Cambié mis hábitos alimentarios, dejé el alcohol casi por completo, cambié mis rutinas, mis horarios de trabajo y me enfoqué.
Con un único foco, un gol y un plan definido, comence´a caminar hacia mi sueño.
Continuara´....
Aloha,
Meti
Photo by Claire Gorman